La aldea y la parroquia como unidades territoriales básicas en Galicia (2) ¿Cómo son hoy las parroquias?

La estructura territorial de Galicia, con las parroquias y las aldeas como células básicas de su organización, mantiene casi intacto su carácter productivo hasta mediados del siglo XX. El conjunto de sus vecinos es lo que define el modo de habitar el territorio, así como su co-evolución sociedad-naturaleza. En Galicia no hay mayor incidencia en la organización del territorio que la de los propios vecinos y vecinas, ni el Estado, ni la Iglesia o el Mercado han afectado tanto a los modos de habitar el territorio como las propias necesidades y usos de sus habitantes. De ahí que en la actualidad, a grosso modo, 1’7 millones de gallegos sean propietarios de fincas rústicas, dos tercios de los habitantes, el 66%, nada menos. O que los grandes espacios de monte sobrevivan en manos de los propios vecinos a través de los montes vecinales en mano común, que suponen un 22% de la superficie forestal de Galicia, y hasta un 36% del Barbanza

El acceso al agua o la adaptación a los diferentes espacios ambientales o edafológicos pudieron provocar la fragmentación excesiva de la tierra que, a vista del desarrollismo, se considera como ineficiente. Ese debate ha ido calando en nuestra sociedad hasta llegar a asumir de forma colectiva que esta forma de asentarse en el territorio es el resultado de un supuesto atraso. Volver a poner la atención en los labriegos que habitaban el territorio, aprendiendo de esa inteligencia colectiva, nos permitirá comprender las lógicas que existían, las relaciones de dependencia y los mecanismos de innovación que se dieron a lo largo de un proceso coevolutivo de la sociedad con su territorio.

La relación entre los habitantes y su soporte territorial ha sufrido las mayores transformaciones desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Algunos de estos cambios han diluido y distorsionado la estructura tan clara que presentaban las aldeas y parroquias tradicionalmente, resultando en la desaparición de su autosuficiencia.

Este “viejo complejo agrario gallego”, estudiado por Bouhier en la década de los sesenta, ha sufrido grandes alteraciones, motivadas a grandes trazos por el Franquismo, la Revolución Verde y las políticas agrarias de la UE. Como señala Lourenzo Fernández Prieto “La Galicia actual, vista por un historiador agrario contemporáneo, es un territorio dominado por el abandono rural y agrario: por abandono del medio rural y la desagrarización del territorio. Visto el abandono por un paisano de una cierta edad, experiencia y memoria, campesino o campesina de oficio o de orígenes, es un territorio desaprovechado”.

Aun así, a día de hoy, podemos identificar fácilmente varios modos de vida, donde antes había el modo de vida productivo. Es posible encontrar hoy lugares poblados en los que la base territorial está en abandono y viceversa, donde productores de mayor tamaño buscan tierras productivas en territorios despoblados. A partir de la clasificación elaborada por Colectivo 1aun (2017) en el marco del curso de verano “Habitar O Campo en Galicia”, los modos de vida en la actualidad podrían clasificarse en siete:

Adaptación de los diagramas elaborados por Colectivo 1aun sobre los modos de vida actuales en los espacios rurales de Galicia para “Habitar o Campo en Galicia”
  • Productivo: Enmarca su actividad principal en el sector primario. La explotación del terreno suele ser diferente a la tradicional, puesto que tiene mayor escala y presenta una mayor especialización. Mantiene la vivienda como el elemento estructurante de la actividad económica.

  • Híbrido: Complementa su actividad en el sector primario con actividades de otro carácter, necesarias para el mantenimiento doméstico. Su impacto territorial es, por lo general, menor al del productor, dada la no exclusividad del primario como actividad, pero se mantiene en niveles altos y suele soportarse en explotaciones de origen tradicional, que garantizan formas orgánicas de producción no afectadas por el salto desarrollista. Como han demostrado Carral Carreira (2014), la llamada “agricultura invisible” supone una gran componente económica que no se contabiliza la estadística oficial.

  • Jubilado: Una modalidad que no transforma sustancialmente el territorio, aunque contribuye a mantener las formas orgánicas (tradicionales) con mucho vigor. En este caso, los habitantes llevan a cabo tareas agrícolas a pequeña escala.

  • No agrario: Es aquel que pese a mantener su residencia en lugares que conservan su estructura territorial tradicional, no desempeña actividad en el sector primario. Este modo de ocupación del territorio fundamenta su actividad en la provisión de servicios y se suele estructurar alrededor de carreteras.

  • Suburbano: El modo suburbano suele aparecer en las pedanías de las áreas urbanas y es el que presenta menos vínculos con el territorio. La actividad de sus habitantes se desempeña lejos de la propia vivienda y el territorio adyacente con potencial productivo, fomentando los desplazamientos en vehículo privado.

  • Temporal: En este caso los usuarios no son habitantes habituales, aunque acuden frecuentemente, estableciendo lazos sociales con el resto de la aldea. También establecen una relación directa con el soporte físico realizando tareas de mantenimiento y explotación esporádica de las tierras productivas.

  • Vacacional: El modo vacacional es aquel en el que se habita la vivienda en periodos esporádicos, normalmente coincide con periodos de vacaciones, y permanece desocupado el resto del año. La relación productiva con el territorio es casi siempre inexistente.

La relación entre los habitantes y su soporte territorial ha sufrido las mayores transformaciones desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Algunos de estos cambios han diluido y distorsionado la estructura tan clara que presentaban las aldeas y parroquias tradicionalmente, resultando en la desaparición de su autosuficiencia. Pese a los cambios en los modos de vida, por lo general se han mantenido toda una serie de valores comunitarios que solamente se entienden desde una perspectiva social. Del pasado de Galicia podemos extraer varias lecciones para el futuro. Las políticas de desarrollo rural que se favorezcan desde las administraciones deben ser conscientes de las lógicas propias de cada territorio. La imposición de fórmulas ajenas, si no tienen en consideración estas lógicas propias, producirá conflictos que contribuirán a un mayor abandono y al consecuente despoblamiento que ya están sufriendo los espacios rurales. Son precisamente dichas lógicas las que dieron sentido a la estructura territorial de Galicia y, en consecuencia, las que deben servir como claves para imaginar estrategias que diseñen un futuro productivo que garantice la sostenibilidad económica, pero sobre todo la socioambiental.

Referencias bibliográficas

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