Acerca de investigar, unas notas sobre su fundamento

El Laboratorio Ecosocial do Barbanza, construido entre el Grupo Histagra (USC) y la Fundación RIA, es un espacio pionero de investigación y acción que pretende afianzar propuestas ecoagroinnovadoras que ayuden a transitar el territorio hacia prácticas más sostenibles. Este proceso debe partir de la movilización de voluntades locales, las propias comunidades que habitan el territorio son las protagonistas de un camino que a ojos de la realidad actual se antoja necesario. La transición Ecosocial es una apuesta por evitar la barbarie. Las relaciones del ser humano con la naturaleza deben cambiar, la dominación que ejercemos sobre la tierra, el extractivismo y los propios valores, imaginarios y éticas asociadas a las teorías desarrollistas deben ser reconfigurados.

No hay un crecimiento infinito ni existe el éxito individual en la cuestión ambiental que alcanza a toda la Humanidad, somos interdependientes, cooperativos, no una suma de individuos. Las interacciones sociales no tienen como única medida el mercado. La herencia y el legado a las generaciones futuras es un ejercicio de corresponsabilidad del que organismos como la ONU, la FAO o la UE nos hacen cada vez más conscientes. Facilitar e impulsar mecanismos que reviertan el colapso es una responsabilidad de todos y por supuesto de la Academia. Para un futuro sostenible, lo que podemos aportar como historiadores y expertos en el territorio es la indagación de cómo trajimos este caos y qué prácticas sostenibles de manejo agroecológico podemos recuperar o identificar aún como resilientes.

Para un futuro sostenible, lo que podemos aportar como historiadores y expertos en el territorio es la indagación de cómo trajimos este caos y qué prácticas sostenibles de manejo agroecológico podemos recuperar o identificar aún como resilientes.

La participación del grupo de investigación HISTAGRA en el diseño y ejecución de un proyecto como este es la manifestación de la concepción de que la ciencia no es neutra, abre preguntas y se compromete con lo real. El bagaje de investigación en tesis, artículos y libros ha demostrado cómo Galicia ha sido un territorio manejado bajo claves orgánicas muy intensivas hasta los años treinta del siglo pasado. El franquismo y la Revolución Verde supusieron una brecha, pero ante los resultados y las inercias del desarrollismo aún perviven procesos y manejos que buscan alternativas más sostenibles. Estos procesos no se desarrollan solo por jóvenes activistas y movimientos sociales vanguardistas, están aún en lo cotidiano y son resultado de una transmisión de saberes y valores y de formas de estar en el mundo que tienen un sustrato histórico y cultural muy fuerte, son la plasmación de una memoria, de un intercambio de prácticas transgeneracionales y el resultado de procesos de innovación lenta en unos casos, pero más rápida en otros. Mirar el mundo a través de la historia requiere siempre superar la nostalgia del pasado, para reconstruir las nuevas genealogías en toda su complejidad y con todas sus contradicciones y alternativas.

El franquismo y la Revolución Verde supusieron una brecha, pero ante los resultados y las inercias del desarrollismo aún perviven procesos y manejos que buscan alternativas más sostenibles.

(Subtítulos en español disponibles a través de las opciones de configuración del vídeo)

El objetivo de la primera fase de investigación del Laboratorio Ecosocial es conocer esos trazos del manejo sostenible y orgánico del agro que perviven, así como atender a esa memoria labriega de manejos del territorio. También identificar las inercias perturbadoras de la sostenibilidad que arraigaron en el pasado. Con la creación de la Cartografía del Manejo Histórico del Territorio atendemos a ese conjunto de saberes relacionados con la gestión de la tierra, de las interdependencias, de los canales de comercialización, de la relación del común con la casa y de aquellas huellas históricas que puedan ayudar a generar unos nuevos imaginarios partiendo de una reconstrucción histórica de las comunidades y sus manejos de los agroecosistemas. Los tiempos cambiaron, no cabe duda, pero hay espacio para recuperar lógicas del manejo y cosmovisiones que rindieron resultados positivos y por eso han perdurado en el tiempo. Aunque hoy las identifiquemos por el sabor y no por la labor: el sabor de los grelos, de las patatas, de la miel de brezo o del cerdo cebado con castañas.

La fuente oral vuelve a ocupar un papel fundamental para rastrear esa memoria, en muchos casos, olvidada, oscurecida o subalterna. Con la “prudencia del investigador”, como compromiso ético, se procura reconstruir la memoria de la comunidad, recuperarla frente “a la enorme prepotencia de la posteridad”, poder extraer toda esa información soterrada, doméstica, escondida. Y con la memoria de las personas aparecen también las cartas, las escrituras, las fotografías del mundo que fue. No se trata solo de hacer la memoria de la comunidad, sino pensarla en términos de transición ecosocial, que hay del pasado que podamos recuperar para hacer la transición sociecológica. Para eso hace falta estudiar las relaciones/interdependencias, entre la casa y la aldea, entre lo doméstico y lo colectivo, a través de las relaciones productivas, identitarias e institucionales. Debemos atender a esas interrelaciones ecosistémicas con el territorio, con las aguas, entre la sociedad, con las energías, con el monte, con los animales, con el ocio, con los cuidados y de cómo ponían la vida en el centro. También en sus relaciones con los mercados.

No se trata solo de hacer la memoria de la comunidad, sino pensarla en términos de transición ecosocial, que hay del pasado que podamos recuperar para hacer la transición sociecológica.

Gracias a muchas horas de entrevistas realizadas en el Barbanza, hemos podido ir indagando en cuestiones relacionadas con los usos del territorio, formas de manejo, cambios de uso, historia de la familia, comunidad, acogida, redes informales, usos del tiempo, migraciones, valores, género, trabajos comunitarios, regulación colectiva, asociacionismo, conflictos, desigualdad, iglesia, mercado, modos de alimentación, comercialización, trabajo, entreayudas… Estos conceptos fueron las etiquetas con las que se indexaron los fragmentos de las entrevistas. Cada entrevista fue segmentada en fragmentos bajo un riguroso protocolo, los 300 fragmentos y las entrevistas completas están depositadas en el archivo digital Terra e Memoria (USC), un repositorio web de libre acceso y que permitirá nuevos usos de la investigación. El uso de las licencias Creative Commons y la apertura al uso de las fuentes es un compromiso de retorno de la investigación con las propias comunidades con las que realizamos este ejercicio de indagación.

Mapa conceptual para la determinación de las etiquetas temáticas de los fragmentos de las entrevistas

Gracias a muchas horas de entrevistas realizadas en el Barbanza, hemos podido ir indagando en cuestiones relacionadas con los usos del territorio, formas de manejo, cambios de uso, historia de la familia, comunidad, acogida, redes informales, usos del tiempo, migraciones, valores, género, trabajos comunitarios, regulación colectiva, asociacionismo, conflictos, desigualdad, iglesia, mercado, modos de alimentación, comercialización, trabajo, entreayudas

A su vez, las visitas y trabajos de campo permitieron conocer de primera mano el lugar, caminarlo y pisarlo en un acto de comprensión del territorio en el que fuimos guiados por los entrevistados o por los paisanos que salían al paso. Solo así podemos acercarnos a concebir el paisaje más allá de la foto o del mapa como el resultado de una interacción dinámica del ser humano y no humano con la naturaleza. El paisaje es el resultado de una inteligencia colectiva, plagada de conflictos e influida por múltiples intereses. Las presiones sobre el manejo del territorio fueron cambiando a lo largo del tiempo. Desentrañar este proceso es también objetivo de la investigación del Laboratorio Ecosocial. De este proceso quedan muestras documentales que dan cuenta de estas realidades: los archivos locales son testigos escritos de conflictos, de usos y de diferentes cosmovisiones enfrentadas; los papeles albergados describen hechos, su lectura va más allá de la palabra y permite a los historiadores reconstruir el pasado; la denuncia por la ocupación privada de un monte vecinal, por ejemplo no sólo habla de eso, explica también los usos que había, las tensiones y presiones que se ejercían sobre el territorio… De ahí la importancia del conocimiento histórico y de la comprensión de los procesos para desentrañar aquello que está escrito, pero no se lee. Con todo eso intentamos reconstruir una cartografía de usos históricos y de manejos de las aldeas que incluya cambios, adaptaciones e innovaciones labriegas en un contexto orgánico muy cambiante a lo largo de los últimos trescientos años. Y también un catálogo de las prácticas sociales que las construyeron en su relación con la naturaleza que van transformando.

Debemos explorar y experimentar soportes que lleguen a la ciudadanía, y retroalimenten la investigación, que abran debates y así, de algún modo, contribuir a movilizar esas voluntades que nos ayuden a todos a avanzar hacia la ineludible transición ecosocial.

La sistematización del proceso, determinar las preguntas, las metodologías y focalizar la mirada son las claves que nos permitirán trabajar con unas fuentes adecuadas, para extraer la información que se materializará en conocimiento, en cartografía y catálogo. Con el objetivo de amplificar a las comunidades a las que nos dirigimos, a lo largo del proceso de investigación, la difusión de ese saber se ira mostrando a través de píldoras argumentales en formato texto, audio, video o mediante infografías y planos. Más tarde vendrán los artículos académicos que recojan los resultados de la investigación, debemos explorar y experimentar soportes que lleguen a la ciudadanía, y retroalimenten la investigación, que abran debates y así, de algún modo, contribuir a movilizar esas voluntades que nos ayuden a todos a avanzar hacia la ineludible transición ecosocial.

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